
Comprender la epilepsia
Una guía clara y tranquilizadora sobre qué es la epilepsia, por qué ocurren las crisis, cómo se diagnostican y cómo la monitorización puede ayudarte a vivir con más seguridad.
¿Qué es la epilepsia?
La epilepsia es una enfermedad crónica no transmisible que afecta al cerebro y que aumenta la probabilidad de que una persona experimente crisis repetidas.
Una crisis epiléptica ocurre cuando se produce una descarga súbita y breve de actividad eléctrica anormal en el cerebro, lo que cambia temporalmente lo que la persona hace, siente o experimenta.
La epilepsia puede afectar por igual a hombres y mujeres. Puede aparecer a cualquier edad y presentarse de formas muy diferentes: desde cambios breves y sutiles hasta episodios más evidentes y complejos. La frecuencia con la que ocurren las crisis puede variar mucho, desde una crisis cada pocos años hasta varias en el mismo día.
Según la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE), es necesario haber tenido al menos dos crisis separadas por 24 horas o más para recibir un diagnóstico de epilepsia. En ocasiones, estas crisis pueden no repetirse durante muchos años, pero si existe la probabilidad de que vuelvan a ocurrir en los próximos 10 años, también se consideran epilepsia. La epilepsia puede considerarse resuelta si la persona no ha tenido ninguna crisis en los últimos 10 años y lleva 5 años o más sin tomar medicación antiepiléptica. (ILAE, 2014)
La epilepsia en cifras
La epilepsia es una de las afecciones neurológicas más comunes del mundo. Tener una visión más clara de su magnitud ayuda a poner en perspectiva el diagnóstico y el tratamiento.
En todo el mundo
OMS, 202650M
personas viven con epilepsia en todo el mundo, lo que la convierte en una de las enfermedades neurológicas más comunes.
5M
nuevos casos se diagnostican cada año en todo el mundo.
70%
de las personas con epilepsia podrían vivir sin crisis con un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Europa
OMS, 20266M
personas viven con epilepsia en Europa.
300K
nuevos casos se diagnostican en Europa cada año.
0,5 %
de la población europea tiene epilepsia, mientras que un 4–5% tendrá una única crisis a lo largo de su vida.
Poblaciones específicas: la epilepsia puede afectar a cualquier persona, pero ciertos grupos de edad tienen más probabilidades de desarrollarla: los bebés y niños pequeños, especialmente durante el primer año de vida; y los adultos mayores, en particular a partir de los 65 años. (OMS, 2026)
¿Por qué se produce la epilepsia?
Existen muchas posibles causas de la epilepsia, pero en aproximadamente la mitad de los casos se desconoce la causa exacta. (OMS, 2026)
Causas estructurales
Ciertos problemas estructurales pueden aumentar la probabilidad de sufrir crisis:
- El ictus, que puede restringir el oxígeno que llega al cerebro.
- Traumatismo craneal.
- Malformaciones cerebrales y anomalías congénitas.
- Cicatrices en zonas del cerebro.
Causas genéticas
Algunas formas de epilepsia son hereditarias o están relacionadas con variantes genéticas específicas. Los factores genéticos pueden causar epilepsia directamente o aumentar la predisposición de una persona a padecerla.
Infecciones
Ciertas infecciones cerebrales —como la meningitis, el VIH o la cisticercosis (una enfermedad parasitaria que puede afectar al cerebro)— pueden derivar en epilepsia.

Entender las crisis epilépticas
Las crisis epilépticas se producen por una descarga súbita de actividad eléctrica excesiva en el cerebro. Esta actividad interrumpe las señales normales de comunicación del cerebro y provoca cambios temporales en la sensación, el movimiento, la conciencia o el comportamiento.
La ILAE señala que esta actividad anormal puede provocar síntomas que van desde leves cambios sensoriales hasta movimientos motores importantes. (Fisher et al. 2014)
¿Cómo se manifiesta una crisis epiléptica?
Los síntomas de las crisis varían mucho. Según la parte del cerebro afectada y hasta dónde se extienda la actividad eléctrica, la persona puede:
- Quedarse con la mirada perdida (crisis de ausencia).
- Mostrarse confusa.
- Perder la conciencia o el conocimiento.
- Caer o experimentar movimientos convulsivos.
- Sentir emociones intensas, como miedo o euforia.
- Tener sensaciones inusuales.
Las crisis no siempre son aparatosas. Muchas implican convulsiones, pero una gran proporción son sutiles. (OMS, 2026)
Tipos de crisis
Según su origen y signos
La clasificación actualizada de la Liga Internacional Contra la Epilepsia (ILAE, 2025) mantiene cuatro categorías principales de crisis: focales, generalizadas, de origen desconocido (focal o generalizado) y no clasificadas. (Beniczky et al. 2025)
Epilepsia farmacorresistente
Aproximadamente un tercio de los pacientes no responde a la medicación. El fracaso de dos estrategias farmacológicas distintas se considera epilepsia farmacorresistente. (Lopez et al. 2015)
La medicación se considera eficaz cuando existe un periodo libre de crisis de, normalmente, 12 meses, o al menos tres veces más largo que el periodo libre de crisis más prolongado antes del tratamiento. La probabilidad de conseguir la ausencia de crisis disminuye a medida que aumenta el número de medicamentos que han fracasado. (Perucca et al. 2023)
El manejo de la epilepsia farmacorresistente supone un reto adicional: puede haber una gran variedad de tipos de crisis implicados, y otras condiciones de salud pueden limitar aún más la elección de los medicamentos.
Cómo el tipo de crisis afecta a la vida diaria
El tipo de crisis que tiene una persona puede influir en:
- Qué actividades puede realizar con seguridad: la vida cotidiana, conducir, hacer deporte.
- Cuánta supervisión puede necesitar.
- El riesgo de caídas o lesiones.
- La calidad del sueño.
- El bienestar emocional.
Los beneficios de la detección anticipada
Cuando las crisis se detectan de forma temprana —ya sea mediante la percepción personal, la observación del cuidador o la tecnología—, los pacientes pueden:
- Prepararse, y sentarse o tumbarse de forma segura.
- Reducir el riesgo de lesiones.
- Sentirse más en control.
- Mantener su independencia.
- Mejorar su bienestar y tranquilidad.
Los pacientes y las familias suelen referir una menor ansiedad cuando las crisis resultan menos impredecibles.

Qué ocurre cuando se sospecha epilepsia
Una serie de pruebas ayudan a identificar no solo el tipo de crisis, sino también sus posibles causas.
Pruebas diagnósticas habituales
Ayudarán no solo a determinar el tipo de crisis, sino también a conocer sus posibles causas:
Electroencefalograma (EEG)
Un EEG mide la actividad cerebral y puede mostrar patrones relacionados con las crisis. Se colocan pequeños electrodos en el cuero cabelludo, conectados a un dispositivo de registro. El procedimiento no es doloroso. Puede ser rutinario o prolongado, y puede realizarse en casa (ambulatorio) o en el hospital, a menudo combinado con monitorización por vídeo. El EEG es esencial para el diagnóstico y la clasificación. (Pellinen et al. 2024)
Resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC)
Estas pruebas de imagen ayudan a identificar problemas subyacentes que podrían estar causando la epilepsia (como cicatrices, tumores, ictus o malformaciones), mediante imágenes estructurales del cerebro, así como imágenes funcionales que muestran cómo funciona el cerebro.
Análisis de sangre
Las muestras de sangre permiten comprobar causas metabólicas, como niveles bajos de glucosa o sodio, que podrían estar relacionadas con las crisis.
Pruebas genéticas
Algunos tipos de epilepsia tienen un origen genético, como una mutación génica, que puede ser necesario descartar.
Monitorización con vídeo-EEG
Esta técnica combina la grabación en vídeo con el EEG al mismo tiempo, y se utiliza cuando el diagnóstico no está claro o las crisis son frecuentes.
La tecnología digital puede ayudar al diagnóstico mediante herramientas como cámaras de alta definición, micrófonos y algoritmos de aprendizaje automático que ayudan a detectar y diferenciar las crisis epilépticas de las no epilépticas. (Pellinen et al. 2024)
Por qué es importante un diagnóstico preciso
Obtener el diagnóstico correcto ayuda a:
- Identificar el tratamiento adecuado.
- Entender qué esperar.
- Reducir la preocupación innecesaria.
- Mejorar los resultados a largo plazo.

Monitorización de la epilepsia
Una vez confirmada la epilepsia, tu médico puede proponerte un plan que combine tratamiento, ajustes en la vida diaria y una monitorización estrecha.
Monitorización a lo largo del tiempo
La monitorización te ayuda a ti y a tu médico a entender cómo evoluciona tu epilepsia. Dado que los patrones de las crisis cambian, la monitorización puede ayudar a:
- Hacer un seguimiento de la frecuencia y los desencadenantes.
- Evaluar la eficacia de la medicación.
- Identificar las crisis relacionadas con el sueño.
- Detectar patrones prolongados o peligrosos.
- Mejorar la seguridad en casa y al aire libre.
La monitorización es importante a cualquier edad
- Niños: pueden necesitar supervisión por motivos de seguridad y desarrollo.
- Adultos: pueden querer hacer un seguimiento de las crisis por motivos laborales, de independencia o de planificación del embarazo.
- Personas mayores: pueden tener otras afecciones que afecten al tratamiento y aumenten los riesgos relacionados con la epilepsia, como fracturas tras una caída.